En cualquier restaurante, sala de espera o incluso en el coche, es habitual ver a un niño pequeño con una tablet o móvil en las manos. Muchos padres y madres lo justifican: “así está tranquilo”, “si no, no come”, “solo ve dibujos”. Pero, ¿realmente sabemos qué efectos tiene esta exposición en su desarrollo?

Javi Miranda

María Couso, pedagoga especializada en neuroeducación y autora del libro Cerebro y pantallas (Destino, 2024), lanza una advertencia que debería hacernos reflexionar:

“Estamos normalizando cosas que deberían escandalizarnos”.

Porque sí, detrás de la tranquilidad que nos da tener a nuestros hijos entretenidos con un dispositivo, puede estar gestándose un problema serio que afectará su atención, su forma de comunicarse, su manera de frustrarse… y también su relación con el deporte.

¿Qué estamos viendo en niños hiperexpuestos a pantallas? Diversos profesionales de la salud, la educación y el deporte coinciden en que estamos viendo patrones cada vez más preocupantes:

  • Falta de atención y concentración: Acostumbrados a estímulos rápidos y cambiantes, muchos niños tienen dificultad para mantener la atención en tareas cotidianas como escuchar un cuento, resolver un puzzle o seguir una jugada.
  • Baja tolerancia a la frustración: Las pantallas ofrecen todo «a la carta», sin esperas. Cuando la realidad no responde igual de rápido, aparecen las rabietas, la ansiedad o el abandono de la actividad.
  • Empobrecimiento del lenguaje: Muchos niños expuestos desde muy pequeños presentan retrasos en la adquisición del vocabulario, menor comprensión verbal e incluso dificultades para expresarse con claridad.
  • Desconexión con el mundo real: Hay niños que juegan mejor con un avatar que con un compañero de clase. Lo virtual sustituye a lo relacional.
  • Menor resiliencia emocional: Si el niño se calma siempre con una pantalla, no aprende a calmarse por sí mismo. Se vuelve dependiente de estímulos externos para gestionar sus emociones.

¿Y qué pasa con el fútbol?

El fútbol base, como muchas disciplinas deportivas, se ve afectado por los hábitos digitales que arrastran los niños desde casa:

  • Sedentarismo y falta de desarrollo motor: Muchos niños llegan al entrenamiento con una clara carencia de coordinación, equilibrio, fuerza o motricidad básica. ¿La razón? Han sustituido el juego libre y el movimiento por horas pasivas frente a la pantalla.
  • Déficit en la creatividad y toma de decisiones: El fútbol es improvisación, lectura del juego, intuición… todo eso se entrena jugando en la calle o en el patio. Pero el consumo pasivo de videojuegos o vídeos no estimula esas capacidades.
  • Frustración ante la derrota: En la pantalla, siempre puedes reiniciar el nivel. En la vida real —y en el deporte— perder duele, y hay que aprender a gestionar esa emoción. Muchos niños hoy no toleran perder un partido o no ser titulares.
  • Falta de constancia y esfuerzo: Los procesos deportivos requieren tiempo, disciplina y repetición. Sin embargo, vemos jugadores que abandonan ante la primera dificultad porque están acostumbrados a recompensas inmediatas.
  • Pérdida del disfrute real del juego: Para muchos, el fútbol se convierte en otra actividad estructurada más. Cuando no hay tiempo para jugar por jugar, sin entrenadores ni normas, se pierde el alma del fútbol base.

El rol de la familia: guía, ejemplo y acompañamiento

La solución no está en prohibir tajantemente los dispositivos, sino en educar en su uso consciente y responsable. Y esa educación empieza en casa, desde el ejemplo que damos los adultos. Si los hijos nos ven siempre pendientes del móvil, es lógico que quieran imitarlo. Si premiamos con pantallas, les estamos enseñando que todo se resuelve con evasión.

La familia es el primer entorno de aprendizaje. Allí se modela el autocontrol, la empatía, la forma de comunicarse y también la manera de vivir el deporte: con ilusión, con compromiso, con alegría y también con esfuerzo.

¿Qué podemos hacer como padres? 8 medidas prácticas para recuperar el equilibrio

  1. Retrasa al máximo la introducción de pantallas digitales: Idealmente, nada de pantallas antes de los 6 años (ni móviles, ni tablets, ni videojuegos). A esa edad, el cerebro aún se está formando y necesita juego libre, movimiento, interacción y estímulos reales, no virtuales.
  2. Crea zonas y momentos sin pantallas en casa: Establece espacios protegidos como el comedor, el dormitorio y las rutinas familiares. La convivencia, el juego, la comida y el descanso deben estar libres de dispositivos.
  3. Fomenta el juego físico y el movimiento desde casa: Antes de los entrenamientos deportivos formales, los niños deben correr, saltar, lanzar, trepar, inventar. Todo eso es desarrollo motor y también emocional.
  4. No uses pantallas como calmante emocional o forma de distracción: Si un niño llora, se aburre o protesta, es mejor enseñarle a gestionar esas emociones con acompañamiento, no anestesiarlas con vídeos.
  5. Acompaña su experiencia deportiva con presencia, no con exigencia: Escúchalo, comparte, pregúntale cómo se sintió. Ayúdalo a conectar el deporte con emociones reales, no solo con ganar o perder.
  6. Refuerza el valor del esfuerzo, no solo del resultado: El deporte es una gran escuela de vida. Enseña que equivocarse es parte del proceso, y que rendirse no es una opción si hay pasión y constancia.
  7. Ofrece alternativas activas y analógicas: Deportes, juegos de mesa, manualidades, lectura, excursiones. A más vida real, menos necesidad de vida digital.
  8. Sé un ejemplo constante: Si los adultos dejamos el móvil durante la cena, durante el juego o al hablarles, les estamos diciendo con hechos que el mundo real también merece atención y respeto.

Educar en el equilibrio: más juego, menos pantalla

La infancia no necesita perfección, necesita presencia. Necesita tiempo, movimiento, errores, derrotas y juego real. Las pantallas no son el enemigo, pero tampoco el sustituto. Y si queremos que nuestros hijos disfruten del fútbol, del deporte y de la vida con salud física y emocional, tenemos que ayudarlos a reconectar con todo lo que las pantallas les están quitando sin que nos demos cuenta.

La buena noticia es que todavía estamos a tiempo.

Por admin

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